Puede que ahora no me conozcas mucho, pero ya sabrás que el hilo del que pende mi saquito de la paciencia es muy fino, y se rompe con facilidad.
No me explico por qué cojea. Las dos patas están perfectas, no hay nada debajo del teclado. ¡Y ha sido de repente! Antes no cojeaba, ahora sí. Increíble.
Solo quería que lo supieras.

0 comentarios on "Teclado"
Publicar un comentario